La encuesta más reciente de The Wall Street Journal a economistas esboza un panorama conflictivo para la economía de Estados Unidos, el principal mercado de muchos exportadores latinoamericanos. La economía se está recuperando, pero eso tal vez no sea una buena noticia.
Tras superar una ola de amenazas a su salud, la economía se encuentra en una mejor situación que hace unos meses. Los economistas, sin embargo, destacan un riesgo creciente: debido a cambios duraderos en el contexto económico global y de EE.UU., incluso un ligero crecimiento podría provocar un resurgimiento de la inflación, un resultado que perjudicaría a los consumidores y podría hacer que la Reserva Federal de EE.UU. (Fed) pisara el freno, manteniendo altas las tasas de interés a corto plazo.
"Estamos más cerca de una recuperación sostenible", dice Stephen Stanley, economista jefe de la firma estadounidense de corretaje RBS Greenwich Capital. "Pero cualquier ritmo de crecimiento es más inflacionario de lo que anticipamos hace seis meses."
Los 60 economistas que participaron de la encuesta, llevada a cabo a mediados de junio, ofrecieron, en general, un pronóstico optimista para una economía que recientemente ha sufrido bajones tanto en la inversión industrial como corporativa, y que todavía se enfrenta a problemas en el sector inmobiliario. En un escenario en el que el consumidor sigue gastando, un dólar debilitado promueve las exportaciones netas y tanto la producción como la inversión mejoran, los economistas anticipan que el Producto Interno Bruto real crezca a una tasa anual de 2,6% en la segunda mitad de este año, y 2,9% en 2008. Esto es más bajo que el 3,3por ciento de 2006, pero mucho mejor que el ritmo de 0,7% que registró en el primer trimestre de 2007. Los economistas calculan que la probabilidad de una recesión en los próximos 12 meses es de 23%, un porcentaje menor que el 27 por ciento de hace seis meses.
Sin embargo, lo que se ha convertido en un importante punto de discrepancia es lo que este pronóstico significará para la inflación. Cada vez más economistas temen que la batalla contra la inflación no haya terminado, pese al mensaje positivo que se puede extrapolar de los datos más recientes. Hasta mayo, la inflación subyacente (que excluye alimentos y energía) sólo había subido 1,9% respecto al año pasado. Eso se compara con el 2,4% de febrero. En la encuesta, uno de cada cinco economistas vio el resurgimiento de los precios al consumidor como el mayor riesgo que enfrenta la economía en los próximos 12 meses.
Eso es más del doble que la tasa que habían apuntado quienes identificaron este riesgo hace seis meses. Como resultado, ven poco probable que la Fed baje las tasas de interés a corto plazo del 5,25% actual antes de diciembre, pese a que creen que es posible un recorte al 5% para junio de 2008. Además, quienes respondieron a la encuesta mostraron su inquietud respecto a la inflación, en parte porque los precios de los alimentos y la energía han subido muy rápido y durante mucho tiempo. Joseph Caron, economista jefe de la firma de inversiones Alliance Bernstein, ve en la persistente divergencia entre la inflación general y la subyacente la prueba de una tendencia más duradera, donde la aparición de nuevas bases industriales y de consumidores en países emergentes como China están causando el alza en los precios globales de la energía y la alimentación. A su vez, esos precios están cada vez más relacionados. Los esfuerzos del gobierno de EE.UU. por promover el etanol local como alternativa a las costosas importaciones de crudo han hecho que suba el precio del maíz, así como el de la carne de los animales que lo comen.
"Ha llegado la hora de repensar cómo interpretamos la globalización [...] A fin de cuentas, la inflación alimenticia es algo que afecta directamente al consumidor promedio, al igual que la energía. Así que no la podemos ignorar."
Por Mark Whitehouse
The Wall Street Journal
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